Ciudad De México, 12 de abril de 2026.- La presidenta Claudia Sheinbaum anunció esta semana la apertura de México a la fracturación hidráulica (fracking).
La técnica consiste en inyectar enormes cantidades de agua combinada con químicos y arena a los yacimientos para romper las rocas y captar el hidrocarburo que se libera.
El agua utilizada en el fracking queda sumamente contaminada, lo que, según la evidencia, la vuelve inservible para su reutilización.
Las oenegés y los movimientos progresistas de todo el mundo se oponen al fracking por los daños probados que causa al medio ambiente y su impacto en las comunidades aledañas a los pozos.
Los promotores del fracking en México sostienen que es un mal necesario para aprovechar las grandes reservas de gas del país y dejar de depender tanto de Estados Unidos, al que se le compra el 75% del recurso.
Claudia Sheinbaum es licenciada en Física y tiene un posgrado en Ingeniería en Energía. En la década de los noventa, antes de incursionar en la política, Sheinbaum publicó artículos especializados que la perfilaron como pionera en México de los estudios sobre el calentamiento global.
Años después, Sheinbaum formó parte del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), donde participó como coautora de una investigación sobre las emisiones de efecto invernadero del sector industrial. El Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) ha documentado que el gas fósil, junto al petróleo y el carbón, son los principales responsables del calentamiento del planeta.
Respecto a la medida, la Alianza Mexicana Contra el Fracking (AMCF) señaló: “El principal componente del gas fósil es el metano; lejos de ser un combustible de transición, acelera la emergencia climática y obstaculiza el avance real hacia una transición energética”.
