Ciudad De México, 27 de marzo de 2026.- La Junta de Gobierno del Banco de México decidió este jueves recortar la tasa de interés de referencia en 25 puntos base, ubicándola en un nivel de 6.75 por ciento anual. La determinación, tomada durante la reunión ordinaria del instituto emisor, representa una reducción desde el 7 por ciento previo y se dio en un contexto donde la inflación mostró un incremento en la primera quincena de marzo.
De acuerdo con los datos oficiales, la inflación anual se situó en 4.63 por ciento en la primera quincena del mes en curso, una cifra que complicaba el escenario para un nuevo descenso en el costo del dinero. Pese a este repunte en los precios al consumidor y a la incertidumbre generada por el conflicto en Medio Oriente, la mayoría de los miembros de la Junta de Gobierno votó a favor de la medida expansiva.
La decisión tomó por sorpresa a diversos analistas del sector financiero. Mientras que medios como El Siglo de Torreón habían anticipado que la autoridad monetaria mantendría la tasa sin cambios en su nivel actual de 7 por ciento, el reporte final confirmó el recorte. Esta divergencia entre las proyecciones del mercado y la acción final del banco central refleja la evaluación interna de factores como la debilidad observada en la actividad económica nacional.
En cuanto a la reacción de los mercados tras el anuncio, el tipo de cambio interbancario registró una cotización de 17.83 pesos por dólar al cierre del 26 de marzo, mostrando una depreciación moderada de la divisa mexicana. Por otro lado, organismos internacionales como la OCDE han ajustado recientemente sus perspectivas para la economía mexicana, mejorando su previsión de crecimiento para 2026 hasta el 1.3 por ciento.
El entorno externo también juega un papel relevante en la coyuntura actual, con reportes de solicitudes de desempleo en Estados Unidos que alcanzaron las 210,000 en la semana al 21 de marzo. La autoridad monetaria enfrenta ahora el reto de equilibrar el estímulo al crecimiento económico con la necesidad de anclar las expectativas inflacionarias ante los riesgos geopolíticos que podrían presionar los precios energéticos.
